La hija del clerigo
La hija del clerigo Después llegaron tres cartas de Dorothy explicando lo sucedido. Por supuesto, el rector nunca creyó que Dorothy hubiera perdido la memoria. Era una historia demasiado traída por los pelos. Creyó que se había fugado con el señor Warburton o con cualquier otro y había ido a parar a Kent donde se había quedado sin blanca; en cualquier caso el rector había decidido ya, y ningún argumento podría convencerle de lo contrario, que lo que le hubiera ocurrido a Dorothy era solo culpa suya. La primera carta que escribió no fue dirigida a la propia Dorothy, sino a su primo Tom, el baronet. Para cualquiera que hubiera recibido una educación como la del rector era casi una segunda naturaleza recurrir a un pariente rico en caso de dificultad. Llevaban quince años sin dirigirse la palabra por culpa de una discusión sobre una deuda de cincuenta libras, aun así le escribió con cierta confianza, pidiendo a sir Thomas que se pusiera en contacto con Dorothy si lo creía posible y le buscara algún trabajo en Londres. Por supuesto, después de lo sucedido, era impensable que la dejara volver a Knype Hill.