La hija del clerigo
La hija del clerigo Poco después llegaron dos cartas desesperadas de Dorothy diciéndole que corrÃa peligro de morir de hambre e implorando que le enviara dinero. El rector se quedó turbado. Cayó en la cuenta —era la primera vez en su vida que se paraba a pensarlo con cierto detenimiento— de que es posible morir de hambre cuando no se tiene dinero. Asà que, después de darle vueltas toda la semana, vendió diez libras de sus acciones y envió un cheque a su primo para que se lo entregase a Dorothy si daba señales de vida. También envió una frÃa carta a su hija diciéndole que fuese a ver a sir Thomas Hare. Pero aún tardó varios dÃas en echarla al correo porque tenÃa escrúpulos de enviar una carta a «Ellen Millborough» —pensaba vagamente que emplear un nombre falso iba contra la ley— y, por supuesto, se retrasó más de la cuenta. Dorothy ya estaba en la calle cuando la carta llegó a la pensión de Mary.