La hija del clerigo
La hija del clerigo Sir Thomas Hare era viudo, un hombre amable y estúpido de unos sesenta y cinco años, de rostro obtuso y rubicundo y bigotes rizados. TenÃa debilidad por los abrigos de cuadros y los sombreros hongo de ala curva que estuvieron tan de moda hace cuarenta años. A primera vista daba la impresión de haberse disfrazado cuidadosamente de comandante de caballerÃa de finales de siglo, por lo que era difÃcil verlo sin pensar en comidas muy especiadas, el tintineo de las campanillas de los cabriolés, el Pink’Un en los buenos tiempos de «Pitcher», y en Lottie Collins cantando «Tarara-BOOM-deay». Pero su principal caracterÃstica era una profundÃsima vaguedad intelectual. Era de esos que dicen «¿Sabe?» y «¡Cómo, cómo!» y se pierden en mitad de sus propias frases. Cuando se quedaba perplejo o se enfrentaba a alguna dificultad, se le erizaban los bigotes y parecÃa una gamba bienintencionada pero excepcionalmente estúpida.