La hija del clerigo
La hija del clerigo Era evidente que los criados habían recibido instrucciones de no dejarla salir. No obstante, el cheque de su padre por valor de diez libras había llegado y con ciertas dificultades logró convencer a Blyth de que fuese a cobrarlo y, al tercer día, salió a comprar un poco de ropa, compró una chaqueta de tweed con una falda y un jersey a juego, un sombrero y un vestido barato de seda artificial estampada, unos zapatos marrones bastante pasables, tres pares de medias de hilo, un bolsito feo y barato y un par de guantes de algodón grises que de lejos parecían de ante. En total le costó ocho libras y diez chelines y no se atrevió a gastar más. La ropa interior, los camisones y los pañuelos tendrían que esperar. Después de todo lo único que importa es la ropa que se ve.