La hija del clerigo
La hija del clerigo Cuando concluyó la Revolución francesa el autocoronado emperador Napoleón Bonaparte intentó extender su poder, pero aunque logró unas cuantas victorias contra las tropas del continente no tardó en comprobar que las tropas inglesas eran un rival a su altura, como se demostró en el campo de batalla de Waterloo, donde 50 000 británicos pusieron en fuga a 70 000 franceses, pues los prusianos, nuestros aliados llegaron demasiado tarde. Con un resonante grito de guerra británico, nuestros soldados cargaron colina abajo y el enemigo acabó dispersándose y huyendo. Llegamos así a la Gran Reforma Electoral de 1832, la primera de esas reformas tan beneficiosas que han hecho de las libertades británicas lo que son y nos han alejado de los países menos afortunados, etcétera, etcétera.