La hija del clerigo
La hija del clerigo La fecha de publicación del libro era 1888. Dorothy, que no había visto nunca un libro de historia como ese, lo hojeó con una sensación muy parecida al horror. Había también un extraordinario librito de lectura publicado en 1863. Consistía sobre todo en fragmentos de Fenimore Cooper, el doctor Watts y Lord Tennyson, y al final incluía extrañísimas notas de historia natural con ilustraciones y grabados. Había un grabado de un elefante y al pie decía: «El elefante es una bestia sagaz. Disfruta a la sombra de los árboles, y aunque tiene la fuerza de seis caballos deja que lo conduzca un chiquillo de seis años. Se alimenta de plátanos». Y lo mismo de la ballena, la cebra, el puercoespín y la jirafa. En la mesa de la maestra había también un ejemplar de Beautiful Joe, un libro olvidado titulado Ojeadas a países lejanos y un libro de frases en francés de 1891. Se titulaba Todo lo que necesitará en su viaje a París y la primera frase era «Áteme el corsé, pero no muy apretado». En toda el aula no había nada tan elemental como un atlas o un equipo de instrumentos geométricos.