La hija del clerigo
La hija del clerigo Lo más difÃcil fue enseñarles historia. Dorothy no habÃa comprendido hasta entonces lo difÃcil que es para niños de origen humilde hacerse siquiera una idea de lo que significa la historia. Todas las personas de clase alta, por mal informadas que estén, crecen con ciertas nociones históricas, son capaces de imaginar un centurión romano, un caballero medieval o un noble del siglo XVIII; los términos Antigüedad, Edad Media, Renacimiento o Revolución industrial evocan cierto significado, por confuso que sea, en su imaginación. Pero aquellas niñas venÃan de casas donde no habÃa libros y cuyos padres se habrÃan echado a reÃr si les hubieran dicho que el pasado tenÃa importancia en el presente. Nunca habÃan oÃdo hablar de Robin Hood, no habÃan jugado a ser caballeros y soldados puritanos, no se habÃan preguntado quién habÃa construido las iglesias inglesas o qué significa la inscripción Fid. Def. que llevan las monedas de un penique. HabÃa dos personajes históricos de quienes todas, casi sin excepción, habÃan oÃdo hablar: Colón y Napoleón. Dios sabe por qué…, tal vez Colón y Napoleón aparezcan en los periódicos más a menudo que los demás personajes históricos. Era como si se hubiesen hinchado en la imaginación de las niñas igual que Tweedledum y Tweedledee hasta bloquear todo el paisaje del pasado. Preguntada cuándo se inventó el automóvil una niña de diez años aventuró la vaga respuesta de que lo habÃa inventado Colón hacÃa unos mil años.