La hija del clerigo
La hija del clerigo Y asà más o menos indefinidamente. A mitad de la mañana del cuarto dÃa de clase, Mavis levantó la mano y preguntó con una astuta corrección que debió haber puesto a Dorothy en guardia.
—Perdone, señorita, ¿puedo salir un momento?
—Sà —respondió Dorothy.
Una de las niñas mayores levantó la mano, se sonrojó y volvió a bajarla como si estuviese demasiado azorada para hablar. Cuando Dorothy le insistió respondió avergonzada:
—Perdone, señorita, pero la señorita Strong no dejaba salir sola al baño a Mavis. Se encierra y no quiere salir, y luego la señora Creevy se enfada, señorita.