La hija del clerigo
La hija del clerigo El señor Poynder tenía mucho que decir. Quedó claro que los demás padres lo habían elegido portavoz y habló hasta que las comisuras de los labios se le llenaron de copos de espuma amarillenta. Y tanto era su respeto por el decoro que se las arregló para no repetir una sola vez la palabra que había causado aquel revuelo.