La hija del clerigo
La hija del clerigo —Bien, quienes pagan son los padres y es en ellos en quienes tiene que pensar. Haz lo que los padres quieren, esa es nuestra primera norma. No creo que todas esas zarandajas que tanto parecen gustarle de la plastilina y los recortes hagan ningún daño a las niñas, pero a los padres no les gustan, asà que no hay más que hablar. Ellos solo quieren que se les enseñen dos materias a sus hijas: caligrafÃa y aritmética. Sobre todo caligrafÃa. Es a lo único a lo que le ven utilidad. De modo que tendrá que dedicarse a la caligrafÃa. Ejercicios de copiado para que las niñas los lleven a casa y los padres puedan enseñárselos a los vecinos y nos hagan un poco de publicidad gratuita. Quiero que dedique dos horas diarias de caligrafÃa con las niñas.
—Dos horas diarias de caligrafÃa —repitió obediente Dorothy.
—Exacto. Y también mucha aritmética. A los padres les encanta la aritmética: sobre todo las sumas de dinero. Piense siempre en los padres. Si se encuentra a uno por la calle, háblele de su hija. DÃgale que es la mejor de la clase y que si se queda otro curso en la escuela hará maravillas. ¿Entiende? No vaya a decirles que no puede mejorar, porque si les dice eso se llevarán a la niña. Un curso más, eso es todo lo que hay que decirles. En cuanto a las notas déjeme eso a mÃ. Me gusta ponerlas yo misma.