La hija del clerigo
La hija del clerigo —Bueno, no importa. No tiene por qué enseñarlo. Ninguno de nuestros padres quieren que sus hijos pierdan el tiempo con el latÃn. Pero les gusta verlo en los folletos. Queda elegante. Por supuesto, hay muchas materias que no podemos impartir, pero hay que anunciarlas de todos modos. TenedurÃa de libros, mecanografÃa y taquigrafÃa, por ejemplo, aparte de música y baile. Todo queda muy bien en el folleto.
—Aritmética, caligrafÃa, francés…, ¿alguna cosa más? —dijo Dorothy.
—¡Oh!, bueno, historia, geografÃa y literatura inglesa, claro. Pero olvÃdese de eso de los mapas…, es una pérdida de tiempo. La mejor manera de enseñar geografÃa a los niños es hacerles memorizar listas de capitales. Consiga que sepan recitar las capitales de los condados de Inglaterra como si fuese la tabla de multiplicar. Asà podrá demostrar que les ha enseñado algo. Y por lo que se refiere a la historia, siga con la Historia de Gran Bretaña en cien páginas. No quiero que continúe utilizando esos libracos que trae de la biblioteca. El otro dÃa abrà uno de ellos y lo primero que leà fue que no sé quién habÃa derrotado a los ingleses en no sé qué batalla. ¡Bonita cosa para enseñarle a las niñas! ¡Puede estar segura de que a los padres no les gustan esas cosas!
—¿Y literatura?