La hija del clerigo
La hija del clerigo —Bueno, como es lógico, algo tendrán que leer, lo que no entiendo es por qué le disgustaron tanto nuestros libritos de lectura. Siga con ellos. Están un poco anticuados, pero a mà me parecen bastante apropiados para las niñas. Y no veo por qué no podrÃan aprender alguna que otra poesÃa de memoria. A algunos padres les gusta oÃr a sus hijos recitar poemas. «El muchacho se quedó en la cubierta en llamas», ese es muy bueno…, y luego está «El naufragio del vapor»… ¿cómo se llamaba aquel barco? «El naufragio del vapor Hesperus». Un poco de poesÃa no hace daño a nadie. ¡Pero olvÃdese de Shakespeare, haga el favor!
Ese dÃa Dorothy se quedó sin tomar el té. Era ya tarde cuando la señora Creevy terminó su reprimenda y se despidió de ella sin decir nada del té. Tal vez fuese un castigo añadido por l’affaire Macbeth.