La hija del clerigo
La hija del clerigo —Hace unos meses fue tan estúpida como para ponerlo por escrito. Alguien, supongo que una amiga, le llevó la carta al director. Él la demandó y el juez la ha condenado a pagar ciento cincuenta libras por daños y perjuicios. No creo que haya pagado ni un céntimo, pero ha sido el final de su carrera de chismosa. Uno puede pasar años manchando la reputación de los demás y la gente le creerá aunque sea evidente que miente. Pero una vez lo condena un juez por mentiroso, queda desacreditado por asà decirlo. La señora Semprill está acabada, al menos por lo que se refiere a Knype Hill. Se fue del pueblo de un dÃa para otro…, aprovechando la oscuridad de la noche. Creo que ahora aflige con su presencia a los habitantes de Bury Saint Edmunds.
—Pero ¿qué tiene eso que ver con las cosas que dijo de usted y de m�
—Nada, nada en absoluto. ¿Pero qué más da eso? Lo importante es que está usted rehabilitada, y todas esas brujas que se han dedicado a criticarla estos últimos meses no hacen más que decir: «¡Pobrecilla Dorothy, pobrecilla, qué mal la ha tratado esa horrible mujer!».
—¿Quiere decir que creen que ya que mentÃa en un caso debÃa de estar mintiendo en el otro?