La hija del clerigo
La hija del clerigo —Sin duda es lo que dirÃan si pudieran pensar tanto. El caso es que la señora Semprill ha caÃdo en desgracia, y aquellos a quienes deshonró se han convertido en mártires. Incluso mi reputación está intacta.
—¿Y cree usted que asà acabará todo? ¿De verdad piensa que creerán que todo fue un accidente, que perdà la memoria y no me fugué con nadie?
—Bueno, yo no dirÃa tanto. En estos pueblos la gente siempre sospecha alguna cosa. Ya sabe, nada en particular, solo una sospecha general. Una especie de morbosidad campesina. Supongo que dentro de diez años en el Dog and Bottle se seguirá rumoreando que tiene usted un secreto en su pasado, aunque nadie recuerde de qué se trata. Aun asà sus problemas han terminado. Si fuese usted, no darÃa explicaciones a nadie que no me las pidiera. La versión oficial es que sufrió usted un ataque grave de gripe y se fue para recuperarse. Es lo que dirÃa yo. Oficialmente no hay nada contra usted.