La hija del clerigo
La hija del clerigo Al cabo de un rato llegaron a Londres y el señor Warburton llevó a Dorothy a un restaurante en Coventry Street, donde comieron pollo asado con espárragos y unas patatas blancas y diminutas que habían sido arrancadas a destiempo de la madre tierra, y también pastel de melaza y una botella de borgoña, pero lo que más le gustó a Dorothy, después del té tibio y aguado de la señora Creevy, fue el café solo que tomaron. Tras la comida cogieron otro taxi hasta la estación de ferrocarril de Liverpool Street y subieron al tren de las 14:45. El viaje hasta Knype Hill duraba cuatro horas.