La hija del clerigo
La hija del clerigo En el pueblo no había ocurrido nada interesante. Ye Olde Tea Shop estaba ampliando el local y contribuyendo así a desfigurar la calle Mayor. El reumatismo de la señora Pither había mejorado (gracias a las infusiones de angélica, sin duda), pero el señor Pither había tenido que ir al médico y temían que pudiera tener cálculos en la vejiga. El señor Blifil-Gordon había entrado en el Parlamento como dócil vocero relegado a los últimos bancos del partido conservador. El viejo señor Tombs había muerto justo después de Navidad y la señorita Foote había adoptado siete de sus gatos y hecho heroicos esfuerzos por encontrar casas para los demás. Eva Twiss, la sobrina del señor Twiss, el ferretero, había tenido un bebé ilegítimo, que había muerto. Proggett había cavado el huerto de la cocina y sembrado unas semillas y las judías y los guisantes empezaban a brotar. Las deudas en las tiendas habían vuelto a acumularse después de la reunión de acreedores y ya debían seis libras a Cargill. Victor Stone había tenido una controversia sobre la Santa Inquisición con el profesor Coulton en Church Times y había salido victorioso. El eccema de Ellen había empeorado durante el invierno. A Walph Blifil-Gordon le habían aceptado dos poemas en el London Mercury.