La hija del clerigo
La hija del clerigo Dorothy entró en el invernadero. Tenía mucho trabajo entre manos: los trajes para el desfile que los niños iban a celebrar el día de San Jorge a fin de recaudar fondos para el órgano. En los últimos ocho meses no habían pagado un penique y el rector tal vez hiciera bien en tirar las facturas a la basura sin abrirlas porque su tono se iba volviendo cada vez más airado. Dorothy se había devanado los sesos buscando un modo de recaudar dinero y se había decidido por un espectáculo histórico, empezando por Julio César y acabando por el duque de Wellington. Calculó que podrían recaudar dos libras…, ¡y con un poco de suerte y si hacía buen día, incluso tres!