Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Los dos hombres se sentaron en cuclillas en el suelo y cepillaron el sedoso pelo de Fio, quitándole también las espinas que se le habían clavado en las pezuñas. Lo tenían que hacer todas las tardes. Se le agarraban muchas garrapatas durante el día, cosas grises espantosas del tamaño de cabezas de alfiler cuando le picaban, y que crecían después hasta alcanzar el tamaño de un guisante. Cada garrapata que le quitaban, Ko S’la la ponía en el suelo y la aplastada cuidadosamente con el pulgar del pie.
Después, Flory se afeitó, se bañó, se vistió y se sentó para cenar. Ko S’la, de pie detrás de la silla de su señor, le iba pasando los platos sin dejar de abanicarle. Había colocado en el centro de la pequeña mesa un florero con hibiscos escarlatas. La comida era pretenciosa y mala. Los cocineros mug, descendientes de los criados a los que instruyeron los franceses en la India hace varios siglos, pueden hacer cualquier cosa con la comida menos lograr que sea comestible. Después de la cena, Flory bajó al Club para jugar al bridge y emborracharse casi por completo, como hacía la mayoría de las noches que pasaba en Kyauktada.