Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Cuando el barco atracó en el puerto de Colombo, se encontró con un telegrama aguardándole. Tres empleados de su compañía habían muerto repentinamente de malaria. La compañía sentía interrumpir su viaje, pero le rogaban que regresara a Rangún de inmediato. Le concederían un permiso en cuanto fuera posible.
Flory embarcó en el primer barco con destino a Rangún, maldiciendo su suerte, y tomó el tren de vuelta a su puesto. Aún no estaba en Kyauktada, sino en otra ciudad del norte de Birmania. Todos los criados le esperaban en el andén. Se los había entregado “en bloque” a su sucesor, quien había muerto. ¡Era tan extraño toparse de nuevo con esos rostros conocidos! Hace tan sólo diez días se había marchado de allí a toda velocidad, casi viéndose ya en Inglaterra, y de pronto estaba de nuevo en su antiguo escenario, rodeado por los coolies negros y desnudos que se peleaban por llevar su equipaje y oyendo a un carretero azuzar con gritos a sus bueyes.