Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Al oÃrlos Flory recordó que se estaba celebrando un pwe camino abajo y no muy lejos de donde estaban, justo delante de la casa de U Po Kyin. De hecho, era el propio U Po Kyin quien habÃa organizado el pwe, a pesar de que alguien más lo habÃa costeado. A Flory se le ocurrió una idea osada. ¡LlevarÃa a Elizabeth al pwe! A ella le encantarÃa, eso seguro; nadie puede resistirse a un baile pwe. Probablemente se armarÃa un escándalo cuando regresaran al Club después de una ausencia tan prolongada; pero, qué demonios, ¿a quién le importaba? Ella era distinta de aquel atajo de idiotas que habÃa en el Club. ¡Y serÃa tan divertido ir los dos juntos al pwe…! En ese momento la música estalló con un horrible estruendo; un estridente pitido de flautas, un castañeteo y el sonido ronco y seco de tambores, y por encima de todo, una voz de hombre que retumbaba poderosamente.
—¿Qué es ese ruido? —preguntó Elizabeth deteniéndose—. Suena igual que una banda de jazz.
—Música indÃgena. Están celebrando un pwe, una especie de obra de teatro mezcla de drama histórico y revista musical, por muy raro que le pueda parecer. Creo que le resultarÃa interesante verlo. Es aquà mismo, no hay más que seguir hasta donde se dobla el camino.
—Bueno —murmuró ella nada convencida.