Los dias de Birmania

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Fue una treta despreciable y sucia. Encontró una excusa lo suficientemente buena para hacerlo: le había robado su pitillera de oro y la había empeñado en la tienda de Li Yeik, el tendero chino que también era prestamista ilegal. Aunque no dejaba de ser un pretexto. Tanto Flory, como Ma Hla May y todos los criados, sabían que se estaba deshaciendo de ella por Elizabeth. Por «la ingaleikma del pelo teñido», como la llamaba Ma Hla May.

Ma Hla May no montó al principio ninguna escena violenta. Se quedó escuchando malhumorada mientras él le firmaba un cheque por cien rupias (Li Yeik o el chetty indio lo harían efectivo) y le decía que estaba despedida. Flory se sentía más avergonzado de lo que lo estaba ella; no la podía ni mirar a la cara y su voz sonaba débil y culpable. Cuando la carreta de bueyes llegó para recoger sus pertenencias, Flory se encerró en el dormitorio, escondiéndose hasta que la escena terminó.







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