Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Las ruedas del carro chirriaron y se oyó cómo un grupo de hombres gritaba. Entonces, de repente, se armó un jaleo terrible. Flory salió. Estaban peleándose todos bajo el sol, alrededor de la verja. Ma Hla May se agarraba con todas sus fuerzas a uno de los postes de la entrada y Ko S’la trataba de ponerla de patitas en la calle. Ella volvió su rostro lleno de furia y desesperación hacia Flory, gritando una y otra vez «¡Thakin! ¡Thakin! ¡Thakin! ¡Thakin! ¡Thakin!» Le dolió en el alma que le siguiera llamando thakin aún después de haberla despedido.
—¿Qué pasa? —preguntó Flory.
Por lo visto, había un postizo de pelo que Ma Hla May y Ma Yi reclamaban ambas como suyo. Flory le dio la razón a Ma Yi y compensó a la otra con dos rupias. El carro arrancó con ella sentada junto a dos cestas de mimbre, con la espalda erguida, gesto arisco y acariciando a un gatito que tenía sobre las rodillas. Hacía sólo dos meses que Flory le había regalado aquel animalito.