Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Ma Kin agachó su cabeza concentrándose en la costura. Era una mujer sencilla, chapada a la antigua, que habÃa adquirido incluso menos hábitos europeos que U Po Kyin. No podÃa sentarse en una silla sin sentirse incómoda. Cada mañana acudÃa al bazar con una cesta sobre su cabeza, como las mujeres de la aldea, y por las tardes se la podÃa ver de rodillas en el jardÃn, rezando en dirección al blanco tejado de la pagoda que coronaba el pueblo. Llevaba más de veinte años siendo confidente de todas las intrigas de U Po Kyin.
—Ko Po Kyin —dijo—, has hecho mucho mal en tu vida.
U Po Kyin agitó su mano.
—¿Qué importa? Mis pagodas lo expiarán todo. Hay mucho tiempo.
Ma Kin agachó de nuevo su cabeza concentrándose en la costura obstinadamente, como siempre que desaprobaba algo que U Po Kyin estuviera haciendo.
—Pero, Ko Po Kyin, ¿son necesarios todos estos proyectos e intrigas? Te oà hablar con Ko Ba Sein en la terraza. Estáis planeando algo malo contra el doctor Veraswami. ¿Por qué queréis hacer daño a ese doctor indio? Es un buen hombre.