Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —Bien, yo no sé. Soy tu mujer y siempre te he obedecido. Pero al menos sé que nunca es demasiado pronto para adquirir méritos. ¡Esfuérzate en conseguir méritos, Ko Po Kyin! ¿QuerrÃas por ejemplo comprar pescado fresco y liberarlo de nuevo en el rÃo? Se pueden adquirir muchos méritos de esa forma. También, esta mañana cuando los sacerdotes vinieron por su arroz me dijeron que hay dos nuevos entre ellos en el monasterio y están hambrientos. ¿QuerrÃas darles algo, Ko Po Kyin? No les di nada yo misma para que tú pudieses conseguir los méritos por hacerlo.
U Po Kyin se apartó del espejo. Las palabras de la mujer le habÃan afectado ligeramente. Nunca dejaba escapar una oportunidad de adquirir méritos siempre y cuando hacerlo no le creara ninguna inconveniencia. A sus ojos, la acumulación de méritos era como un depósito bancario, eternamente creciente. Cada pez liberado en el rÃo, cada ofrenda a un sacerdote lo acercaban un paso más al Nirvana. Era un pensamiento reconfortante. Ordenó que la cesta de mangos traÃda por el jefe de la aldea fuese enviada al monasterio.