Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Cruzaron el patio y subieron los escalones que daban acceso a la veranda del doctor. Éste, una vez hubo comprobado que el hielo de la cubitera se habÃa derretido y ya no era más que agua tibia, abrió una cerveza y llamó nerviosamente a los criados para que pusieran más botellas a refrescar en la cesta de paja húmeda. Flory estaba de pie contemplando la vista desde la barandilla con el sombrero todavÃa puesto. Lo cierto es que habÃa ido allà para disculparse. Se habÃa pasado quince dÃas evitando al doctor, justo desde el mismo dÃa en que firmó la insultante nota del Club. De ahà que sintiera la necesidad de pedirle perdón. U Po Kyin podÃa conocer bien a los hombres, pero se habÃa equivocado al suponer que dos cartas anónimas bastarÃan para alejar a Flory de su amigo definitivamente.
—Doctor, se imaginará usted lo que he venido a decirle, ¿no?
—¿Yo? No.
—SÃ, lo sabe. Se trata de la mala pasada que le jugué a usted hace una semana. Cuando Ellis puso aquella nota en el tablón de Club que también firmé yo. Estoy seguro de que se lo han contado. Me gustarÃa poder explicarle…