Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Flory la tenÃa cogida entre los brazos, casi acariciándola. Ella se apretaba contra él, hundiendo el rostro en su camisa mientras los sollozos le sacudÃan el cuerpo. El aroma a sándalo llegaba a Flory hasta penetrarle. Quizá creyera Ma Hla May que con sus brazos rodeándole y su cuerpo pegado al de él, conseguirÃa recobrar el poder de atracción que antes habÃa ejercido sobre Flory. Pero éste se fue separando de ella suavemente y luego, al ver que no se caÃa de nuevo sobre sus rodillas, se alejó de ella.
—Ya está bien. Tienes que irte. Te voy a dar ahora mismo las cincuenta rupias que te prometÃ.
Sacó de debajo de la cama su baúl de latón y cogió cinco billetes de diez rupias. Ella se los guardó sin hablar en el escote de su ingyi. Sus lágrimas habÃan cesado de un modo asombrosamente repentino. Sin pronunciar ni una palabra, Ma Hla May entró al baño un momento y volvió con la cara lavada y el cabello y el vestido recompuestos. Se la veÃa triste, aunque ya no habÃa ni rastro del histerismo de antes.
—Por último vez, thakin: ¿no me dejas volver? ¿Es tu última palabra?
—SÃ. No puedo hacer otra cosa.
—Entonces me voy, thakin.
—Muy bien. Que Dios te acompañe.