Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —¿Quiere usted que entremos? —preguntó Flory a Elizabeth—. Creo que tendremos que esperar una media hora.
—¿No podrÃa pedirle que nos sacase unas sillas afuera? —sugirió ella.
Tras su experiencia en la casa de Li Yeik habÃa decidido que no pasarÃa de nuevo al hogar de un nativo si podÃa evitarlo.
Se armó un revuelo en el interior de la casa y el cacique, el joven y unas cuantas mujeres sacaron dos sillas decoradas de un modo extrañÃsimo con hibiscos rojos y también les llevaron unas begonias plantadas en latas de keroseno. Estaba claro que habÃan preparado allà dentro una especie de doble trono para los europeos. Después que Elizabeth se hubo sentado, el cacique reapareció con una tetera, un manojo de bananas verdes enormes y seis cigarros negros como el carbón. Pero cuando le sirvieron el té, Elizabeth sacudió la cabeza al ver que su aspecto era incluso peor que el del que les habÃa ofrecido Li Yeik.