Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Una bandada de palomas verdes volaba hacia ellos a gran velocidad, a unos cuarenta metros por encima de sus cabezas. Eran como un montón de piedras arrojadas por una catapulta al cielo. Elizabeth estaba tan emocionada que no sabía ni qué hacer. Se quedó paralizada por un instante, después apuntó con la escopeta al aire sin fijarse demasiado y apretó con fuerza el gatillo. No sucedió nada; lo que en realidad había apretado era la protección del gatillo. Justo cuando pasaban sobre ellos las aves logró encontrar los gatillos y apretó ambos al mismo tiempo. Se produjo un ruido ensordecedor y Elizabeth salió disparada hacia atrás con la clavícula punto de rompérsele. Había disparado a treinta metros de donde estaban los pájaros. En ese preciso momento vio cómo Flory se giraba y apuntaba con su arma. De pronto, dos palomas dejaron de volar y cayeron en picado y se clavaron en el suelo como un par de flechas. Ko S’la gritó de alegría y salió corriendo con Fio en busca de ellas.
—¡Mire —dijo Flory—, una paloma imperial! ¡Vamos a por ella!