Los dias de Birmania
Los dias de Birmania El suelo, repentinamente ebrio, se calmó y Flory se incorporó, atontado pero sin haber sufrido daño alguno. Notó que Elizabeth gateaba a su lado y oyó gritos que procedían del Club. Del otro lado de la verja, dos birmanos pasaron corriendo a la luz de la luna, con sus largas melenas al viento. Chillaban con todo su alma:
—¡Nga Yin se está sacudiendo! ¡Nga Yin se está sacudiendo!
Flory les observó con cara de no comprender nada. ¿Quién era Nga Yin? Nga es el prefijo que antecede a los criminales. Nga Yin debía de ser un dacoit, un ladrón. ¿Qué era aquello de lo que se intentaba desprender? Entonces recordó. Nga Yin era un gigante que los birmanos creen enterrado bajo la corteza terrestre, como Typhoeus. ¡Claro, había sido un terremoto!
—¡Un terremoto! —exclamó Flory y, acordándose de Elizabeth, se dio la vuelta para ayudarla a levantarse. Pero ella ya lo había hecho; aunque no había sufrido ningún daño, se estaba frotando la nuca con gesto algo aturdido.
—¿Fue eso un terremoto? —preguntó bastante asustada.
La silueta estilizada de Mrs. Lackersteen se asomó por una esquina de la veranda, pegada a la pared como algún lagarto alargadísimo. Histérica, se desgañitaba gritando: