Los dias de Birmania
Los dias de Birmania La monótona y patética cantinela flotaba entre los sombríos árboles y los aromas de las flores incesantemente, pues ya se ocupaba Mrs. Lackersteen de poner la aguja al principio cada vez que la veía aproximarse al centro. La luna se elevaba amarilla en el horizonte entre tinieblas y nubes oscuras, con la misma dificultad con la que una anciana dama enferma saldría de la cama. Verrall y Elizabeth seguían bailando infatigablemente, formando juntos una mancha en la penumbra. Se movían perfectamente acompasados, como un solo ser. Mr. Macgregor, Ellis, Westfield y Mr. Lackersteen los contemplaban con las manos en los bolsillos y sin ocurrírseles nada que decir. Los mosquitos les asaeteaban los tobillos. Alguien pidió bebidas, pero el whisky les supo a ceniza. Las entrañas de los cuatro hombres maduros se revolvían de envidia.