Los dias de Birmania

Los dias de Birmania

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Belinda era la yegua árabe. Verrall la tenía desde hacía dos años y hasta entonces no había dejado que nadie más la montase, ni siquiera el syce. No se le ocurría un favor mayor que ése, y Elizabeth, que así lo entendía, apreció muchísimo el generoso gesto de Verrall.

A la tarde siguiente, cuando volvían cabalgando, Verrall pasó el brazo por encima del hombro a Elizabeth, la sacó de la silla de montar y la atrajo para sí. Era muy fuerte. Soltó las riendas y, con la mano que le quedaba libre, le alzó la cara hasta ponerla a su altura. Se besaron en los labios. La tuvo así por un momento, y luego la dejó en el suelo y se bajó de su montura. Se abrazaron con las camisas empapadas en sudor mientras él tenía sujetas las riendas con el pliegue del codo.









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