Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Prácticamente en ese mismo instante, a treinta millas de allí, Flory decidió regresar a Kyauktada. Estaba en una punta de la selva, junto a un riachuelo seco, hasta donde había llegado para cansarse, mientras contemplaba a unos pequeños pinzones que picoteaban semillas entre la alta hierba. Los machos eran amarillos y las hembras de un pardo similar al de los gorriones. Flory observaba a los pájaros sin ningún interés y los comenzaba a aborrecer por ser incapaces de despertar en él algo de curiosidad. Aburrido como estaba, les lanzó su dah y se fueron espantados. ¡Si ella estuviera allí! Todo cuanto le rodeaba (pájaros, árboles, flores… todo) parecía que no tenía ni vida ni sentido alguno sin ella. A medida que pasaban los días, la conciencia de que la había perdido se iba haciendo más fuerte y clara, amargando cada instante de su existencia.