Los dias de Birmania

Los dias de Birmania

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El funeral tuvo lugar a la mañana siguiente, antes del desayuno. Todos los europeos estuvieron presentes, salvo Verrall, que se ejercitaba como de costumbre en el maidan, prácticamente frente al cementerio. Mr. Macgregor leyó unas palabras de despedida. El reducido grupo de caballeros permaneció de pie en torno a la tumba, con los topis en la mano, sudando bajo los trajes oscuros que habían sacado del fondo de sus baúles. La rigurosa luz de la mañana golpeaba sin piedad sus rostros, más amarillentos que nunca, haciendo un extraño contraste con los feos y desgastados trajes. Todos excepto Elizabeth parecían envejecidos y arrugados. El Dr. Veraswami y media docena de orientales estaban presentes, aunque se mantenían en un discreto segundo plano. Había dieciséis lápidas en el pequeño cementerio; supervisores de empresas madereras, funcionarios, soldados caídos en escaramuzas ya olvidadas…

«En memoria de John Henry Spagnall, de la policía imperial india, que falleció de cólera en perfecto cumplimiento de su…»

Flory recordaba a Spagnall vagamente. Había muerto repentinamente tras su segundo ataque de delirium tremens. En un rincón había varias tumbas de eurasiáticos, marcadas con cruces de madera. El jazmín, con diminutas flores naranjas, lo había cubierto todo con enredaderas. Entre el jazmín aparecían grandes agujeros por los que las ratas llegaban a las tumbas.


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