Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —No me hables asÃ, desgraciado… «¡Me resulta muy difÃcil!» ¿Te has comido un diccionario? «Por favor, señor, no poder tener hielo frÃo»; asà es como deberÃas hablar. Tendremos que echar a este chico si empieza a hablar inglés demasiado bien. No puedo soportar a los criados que hablan inglés. ¿Me oyes, camarero?
—SÃ, señor —dijo el camarero y se retiró.
—¡Dios! Sin hielo hasta el lunes —dijo Westfield. ¿Vas a volver a la jungla, Flory?
—SÃ, tendrÃa que estar allà ahora. Sólo vine por aquà porque hoy llegaba la prensa de Inglaterra.
—Creo que yo también me daré una vuelta por allÃ. Pediré un permiso. No aguanto en mi cochina oficina durante esta época del año. Ahà sentado bajo el punkah, firmando un recibo tras otro. Papeleo. ¡Dios, ojalá volviéramos a estar en guerra!
—Yo me voy pasado mañana —dijo Ellis—. ¿No viene este domingo ese maldito padre a oficiar misa? Da igual, ya me ocuparé de no estar presente. Vaya farsa.
—SÃ, es este domingo —dijo Westfield—. Me comprometà a acudir. Macgregor también. Eres un poco duro con el pobre diablo del padre, la verdad. Solamente viene una vez cada seis semanas. Y sin embargo logra convocar a un buen número de fieles cuando viene.