Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —Pues está claro. Los honores de haber aplastado los disturbios no han ido a parar a él, sino a usted. Y todo el mundo sabe que soy su amigo. Yo, por decirlo de algún modo, me beneficio de la gloria que se ha ganado usted. ¿No es acaso usted el héroe del momento? ¿No le recibieron con los brazos abiertos cuando regresó al Club la noche pasada?
—Tengo que reconocer que lo hicieron. Fue algo realmente novedoso para mÃ. Mrs. Lackersteen me trató como nunca lo habÃa hecho. «Querido Mr. Flory» me llama ahora. Y en cambio, la ha tomado con Ellis. No ha olvidado que la llamó bruja y que le dijo que dejara de chillar como un cerdo.
—Es que Mr. Ellis puede ser a veces excesivo en sus expresiones. Ya me he dado cuenta.
—La única pega es que ordené a la policÃa que dispararan por encima de las cabezas en vez de apuntar a matar. Por lo visto, va contra todas las normas del Gobierno. Ellis estaba bastante enfadado al respecto. «¿Por qué no aprovechaste para cargarte a unos cuantos de esos hijos de p…?», me espetó. Le expliqué que eso habrÃa significado herir a los policÃas que estaban atrapados entre la multitud. A pesar de eso, me respondió que daba igual, que también ellos eran unos negros. Sin embargo, me lo disculpan todo. Y Macgregor incluso citó algo en latÃn, de Horacio, creo.