Los dias de Birmania
Los dias de Birmania ParecÃa que no podÃan encontrarse sin tener que hablar del tiempo. Sin embargo, la expresión del rostro de Elizabeth transmitÃa algo diferente más allá de las palabras banales. Su actitud hacia él habÃa cambiado radicalmente desde la noche anterior. Flory se armó de valor.
—¿Qué tal está del golpe que recibió?
Ella le tendió el brazo y le permitió que lo cogiera. Se la notaba muy dulce, incluso sumisa. Flory comprendió que su hazaña le habÃa convertido en un héroe a los ojos de la joven. Ella no podÃa hacerse a la idea de lo pequeño que era el riesgo que habÃa corrido, y le perdonaba todo, hasta lo de Ma Fila May, pues habÃa hecho gala de valor en el momento preciso. A Flory el corazón se le salÃa del pecho. Deslizó la mano por el brazo de ella hasta entrelazar los dedos de ambos.
—Elizabeth…
—¡Que nos van a ver! —dijo la muchacha soltándole la mano, aunque sin asomo alguno de enfado.
—Elizabeth, hay algo que quiero decirte. ¿Te acuerdas de la carta que te escribà desde la selva hace unas semanas, después de que…? —SÃ.
—¿Recuerdas lo que te decÃa en ella?
—SÃ. Perdona que no te contestase. Es sólo que…
—Entonces no podÃa esperar que lo hicieras. Sólo déjame recordarte lo que te escribÃ.