Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Sin embargo, no se llegó a concretar del todo, pues Flory hubo de regresar a la selva. Salió aquella misma tarde para hacer el viaje de noche, y no tuvo la oportunidad de ver a Elizabeth antes de partir. Ahora se podía viajar por la selva de noche con toda tranquilidad, ya que la fútil rebelión había terminado por completo. Rara vez se vuelve a oír hablar de levantamientos cuando llegan las lluvias. Los birmanos están demasiado ocupados arando el campo, y además los campos están demasiado anegados como para que grupos numerosos de hombres puedan atravesarlos. Flory tenía previsto regresar a Kyauktada dentro de diez días, para la visita que el padre hacía cada seis semanas. La verdad es que no le interesaba permanecer en Kyauktada mientras Elizabeth tuviera allí a Verrall. Era extraño, pero todo el resentimiento y todas aquellas imágenes obscenas que le atormentaban habían desaparecido ahora que se sabía perdonado por ella. El único obstáculo que quedaba entre los dos era Verrall. Ni siquiera la idea de que Verrall pudiera tenerla entre sus brazos le inquietaba, porque estaba seguro de que de un modo u otro todo acabaría entre el teniente y la joven. Verrall, de eso estaba seguro, nunca se casaría con Elizabeth; los jóvenes de su condición no contraen matrimonio con muchachas sin un penique a las que han conocido de pasada en insignificantes puestos coloniales. Sólo se estaba divirtiendo con Elizabeth mientras podía. Tarde o temprano la abandonaría y ella acabaría volviendo a él, a Flory. Era mejor de lo que podía esperar hacía unas semanas. Hay cierta humildad en los que profesan un amor verdadero a otra persona que puede resultar horrible a los que los contemplan desde fuera.