Los dias de Birmania
Los dias de Birmania Flory no podía hablar ni moverse. Tenía la vista fija en el altar, con la cara rígida y tan blanca que su marca de nacimiento resaltaba sobre la mejilla como una mancha de pintura azul. Elizabeth le miraba de frente desde su asiento, experimentando un asco que le producía nauseas. No había entendido ni una palabra de lo dicho por Ma Hla May, pero el significado de la escena le había quedado perfectamente claro. La idea de que Flory hubiera sido amante de aquella criatura desquiciada le provocaba escalofríos. Pero peor que eso, peor que cualquier cosa, era la fealdad de Flory en aquellos momentos. Su rostro le había horrorizado, tan fantasmal, rígido y envejecido. Era como una calavera. Sólo la marca de nacimiento parecía tener algo de vida. Le odiaba por tener esa marca. Hasta este momento, nunca había comprendido lo deshonroso e imperdonable que ese estigma era.