Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —La verdad es que no sé de qué me está hablando. ¿Olvidarlo? ¿Qué tiene que ver conmigo ese episodio? Me pareció terriblemente desagradable, pero no es asunto mÃo. No veo la razón por la que me está haciendo esa pregunta.
Flory desesperó al escuchar aquello. El tono y las palabras de Elizabeth eran exactamente los mismos que habÃa empleado en su anterior discusión. Otra vez las mismas tretas. En lugar de escucharle, iba a salir con evasivas y llevar la conversación hacia donde le interesara; le volverÃa la espalda fingiendo que no tenÃa ningún derecho sobre ella.
—¡Elizabeth! Contéstame, por favor. ¡Por favor, sé justa conmigo! Esta vez va completamente en serio. Tampoco espero que me perdones enseguida. Te resultarÃa muy duro después de la humillación pública a la que me acabo de ver expuesto. Pero, bueno, después de todo, prácticamente me habÃas prometido casarte conmigo.
—¿Qué? ¿Casarme con usted? ¿Cuándo le prometà semejante cosa?
—No lo dijiste con palabras, pero ambos lo dábamos por entendido…
—¡Entre los dos nunca ha habido ningún entendimiento de este tipo! Creo que se está comportando usted horriblemente mal conmigo. Voy a entrar al Club ahora mismo. ¡Buenas tardes!