Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —¡No! ¡No quiero hablar contigo! ¿Con qué derecho me haces ninguna pregunta? ¡Suéltame!
—¡Perdóname, perdóname! Sólo respóndeme a esto: ¿te casarás, no ahora, sino cuando todo esto quede olvidado; te casarás conmigo?
—¡No, jamás, jamás!
—¡No digas eso! No digas nada definitivo. Dime que no por ahora, pero que puede que dentro de un mes, un año, quizá cinco…
—¿No me has oÃdo? ¿Por qué sigues insistiendo?
—Elizabeth, escúchame. He intentado decirte miles de veces lo que significas para mÃ… Pero resulta inútil hablar de ello… Sin embargo, haz un esfuerzo por comprenderme. ¿No te he hablado ya de cómo es la vida aquÃ? ¡Es igual que si uno fuera un muerto viviente! La decadencia, la soledad, la autocompasión… Trata de comprender lo que esto supone y que tú eres la única persona del mundo que puede salvarme.
—¿Me sueltas? ¿Por qué me montas esta escena tan bochornosa?