Los dias de Birmania
Los dias de Birmania —Imposible, querido amigo —dijo Westfield—. Del-todo imposible. ¿Qué puedes hacer con toda esta cinta roja atándote las manos? Esos pordioseros conocen la ley mejor que nosotros. Te insultan a la cara y salen corriendo justo cuando vas a pegarles. No puedes hacer nada a no ser que te pongas firme. Y, de todos modos, ¿cómo lo haces, si no tienen lo que hay que tener para plantarte cara?
—Nuestro burra sahib de Mandalay siempre decÃa —intervino Mrs. Lackersteen—, que al final abandonaremos la India sin más. Los jóvenes no querrán venir hasta aquà para pasarse toda la vida trabajando y no obtener a cambio nada más que insultos e ingratitud. Nos iremos sin más. Cuando los nativos vengan luego pidiéndonos que nos quedemos, les diremos: «No, tuvisteis vuestra oportunidad y no la supisteis aprovechar. Hala, gobernaros por vuestra cuenta». Asà sà que aprenderÃan una buena lección.