Que no muera la aspidistra

Que no muera la aspidistra

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Aquella noche, Gordon no tenía la intención de trabajar. Había salido a la calle justo después de cenar. Caminaba despacio en dirección sur pensando en las mujeres. La noche era templada y húmeda, más propia del otoño que del invierno. Era martes y aún le quedaban cuatro chelines y cuatro peniques. Si le apetecía, podía dejarse caer por el Crichton. Sin duda, Flaxman y sus amigos ya estarían allí de juerga. Pero el Crichton, que le parecía el paraíso cuando estaba sin blanca, le aburría y le disgustaba cuando tenía dinero. Aborrecía aquel local sucio y mugriento que apestaba a cerveza, y lo que allí veía, oía y olía, todo tan manifiesta y ofensivamente masculino. Allí no había mujeres, salvo la camarera, con sus sonrisas lascivas que parecían prometerlo todo, pero que nada prometían.










👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker