Que no muera la aspidistra
Que no muera la aspidistra —Asà que ya está instalado —le dijo con amabilidad pero sin resuello, sosteniendo un bulto entre los brazos—. Espero que esté cómodo. Me gusta que mis inquilinos se sientan como en su casa. PermÃtame que coloque esto sobre la mesa. ¡Ya está! Ahora la habitación parece un poco más acogedora, ¿no le parece?
Era una aspidistra. Su contemplación reabrió viejas heridas. ¡También ahÃ, en su postrer refugio! ¿Me encontraste, enemiga mÃa? Pero la planta estaba bastante raquÃtica y era evidente que no tardarÃa en morirse.