Que no muera la aspidistra
Que no muera la aspidistra ¡Hundirse! ¡Cuán fácil deberÃa ser, dado que tan pocos luchan por ello! Sin embargo, lo paradójico es que a menudo cuesta mucho más hundirse que flotar. Siempre hay algo que te empuja hacia arriba. Después de todo, la soledad absoluta no existe; siempre hay amigos, amantes, parientes… Toda la gente que conocÃa a Gordon se empeñaba en mandarle cartas compasivas o agobiantes. La tÃa Angela le habÃa escrito, el tÃo Walter también, Rosemary lo hacÃa sin cesar, Ravelston y Julia otro tanto; hasta Flaxman le habÃa enviado unas lÃneas para desearle suerte. Este último habÃa regresado a Peckman, al arrullo feliz de su aspidistra, tras obtener el perdón de su mujer. Pero Gordon detestaba recibir esas cartas. Significaban un vÃnculo con ese otro mundo del que querÃa escapar.