Sin blanca en Paris y Londres

Sin blanca en Paris y Londres

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El pandemonio del desayuno cesaba a las diez y media. Luego limpiábamos las mesas de la cafeterie, barríamos el suelo y sacábamos brillo a los cubiertos, y, las mañanas más tranquilas, íbamos por turnos a los lavabos a fumar un cigarrillo. Era nuestro tiempo libre, y solo relativamente, porque apenas disponíamos de diez minutos para comer y nunca podíamos disfrutarlos sin que nos interrumpieran. La hora del almuerzo de los huéspedes, entre las doce y las dos, era tan ajetreada como la del desayuno. Nuestra labor consistía sobre todo en ir a la cocina a por comida, lo que significaba constantes engueulades de los cocineros. A esas horas llevaban ya cuatro o cinco horas sudando delante de los hornos y su humor estaba encendido.

A las dos nos convertíamos de pronto en hombres libres. Nos quitábamos los delantales, nos poníamos el abrigo, corríamos fuera y, si teníamos dinero, entrábamos en el bistro más cercano. Era raro salir a la calle desde aquellos sótanos iluminados por el fuego. El aire parecía cegadoramente limpio y frío, como un verano ártico; ¡y qué agradable resultaba el olor a gasolina, después del hedor a comida y sudor! A veces nos encontrábamos con los cocineros y los camareros en los bistros, y se mostraban amables y nos invitaban a alguna copa. Dentro éramos sus esclavos, pero la etiqueta de la vida en el hotel dicta que, en el tiempo libre, todos son iguales y las engueulades no cuentan.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker