Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Mi peor día era cuando fregaba para el comedor. No tenía que lavar los platos, porque eso se hacía en la cocina, sino tan solo el resto de la vajilla, la plata, los cuchillos y las copas, pero aun así, eran trece horas de trabajo en las que utilizaba entre treinta y cuarenta trapos. Los anticuados métodos que utilizan en Francia duplican el trabajo. No conocen los escurreplatos y no hay jabón en polvo, solo un jabón gelatinoso que apenas hace espuma con el agua calcárea de París. Trabajaba en una madriguera sucia y abarrotada de gente, una mezcla de despensa y fregadero directamente comunicada con el comedor. Además de fregar, tenía que llevar a la mesa la comida de los camareros y servirla; la mayoría eran muy insolentes y más de una vez tuve que recurrir a los puños para que se mostrasen mínimamente educados. La persona que fregaba habitualmente era una mujer, a la que le hacían la vida imposible.