Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres »Es probable que no tuviese muy buen aspecto. Llevaba cinco dÃas sin comer, habÃa pasado casi todo ese tiempo en cama y hacÃa tres dÃas que no me lavaba ni afeitaba. La habitación también estaba hecha una pocilga.
»—¿Qué te ocurre? —volvió a preguntar MarÃa.
»—¿Que qué me pasa? —exclamé—. ¡Dios santo! Pues que me muero de hambre. Llevo cinco dÃas sin probar bocado. Eso me pasa.
»MarÃa se quedó horrorizada.
»—¿No has comido en cinco dÃas? —preguntó—. Pero ¿por qué? ¿No tienes dinero?
»—¡Dinero! —respond×. ¿Crees que estarÃa aquà pasando hambre si lo tuviera? Solo me quedan cinco sous, y lo he empeñado todo. Mira en la habitación y dime si hay algo que pueda venderse o empeñarse. Si encuentras algo que valga más de cincuenta céntimos es que eres más lista que yo.
»MarÃa empezó a buscar en la habitación. Estuvo hurgando aquà y allá, entre la basura, y de pronto se puso muy nerviosa. Su boca gruesa se abrió sorprendida.
»—¡Serás idiota! —gritó—. ¡Menudo imbécil! ¿Qué es esto, entonces?