Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres »Vi que habĂa cogido un bidon de aceite vacĂo que habĂa en un rincĂłn. Lo habĂa comprado unas semanas antes para recargar un quinquĂ© que tenĂa antes de vender mis cosas.
»—¿Esto? —dije—. Un bidon de aceite. ¿Y qué?
»—¡Imbécil! ¿No pagaste tres francos con cincuenta como depósito al comprarlo?
»Pues claro que los habĂa pagado. Cuando compras el bidon te cobran un depĂłsito y lo recuperas cuando lo devuelves. Pero lo habĂa olvidado.
»—SĂ… —empecĂ©.
»—¡Idiota! —volviĂł a gritar MarĂa. Estaba tan nerviosa que se puso a bailar hasta que pensĂ© que agujerearĂa el suelo con los zuecos—. ¡Idiota! T’es louf! T’es louf! ÂżPor quĂ© no lo llevas a la tienda y que te devuelvan el depĂłsito? ¡MuriĂ©ndote de hambre con tres francos cincuenta delante de las narices! ¡ImbĂ©cil!
»Ahora me cuesta creer que en esos cinco dĂas no pensara en devolver el bidon a la tienda. ¡Nada menos que tres francos cincuenta en metálico y no se me habĂa ocurrido! Me sentĂ© en la cama.
»—¡Deprisa! —le gritĂ© a MarĂa—, llĂ©valo tĂş por mĂ. LlĂ©vaselo al verdulero de la esquina. Date prisa. ¡Y tráeme comida!