Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres »María miró el cuadro y, para mi sorpresa, estalló en carcajadas. Se rió y se rió dando patadas por la habitación y sujetándose los gruesos costados como si fuese a troncharse de risa. Pensé que se había vuelto loca. Hasta pasados dos minutos no pudo articular palabra.
»—¡Idiota! —gritó por fin—. T’es louf! T’es louf! ¿Quieres decir que de verdad te pusiste de rodillas y le rezaste a ese retrato? ¿Quién te ha dicho que es Sainte Éloïse?
»—Estaba seguro de que lo era —respondí.
»—¡Imbécil! Esa no es Sainte Éloïse. ¿Sabes quién es?
»—¿Quién? —pregunté.
»—Es… la mujer que dio nombre a este hotel.
»Le había estado rezando a la famosa prostituta del Imperio…
»Pero después de todo, no lo lamenté, María y yo nos reímos mucho, y luego llegamos a la conclusión de que no le debía nada a Sainte Éloïse. Estaba claro que no había sido ella quien había respondido a mis oraciones y no había por qué comprarle una vela. Así que al final pude comprarme el paquete de cigarrillos».