Sin blanca en Paris y Londres

Sin blanca en Paris y Londres

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Al cabo de quince días, estaba tan acostumbrado a la rutina de la vida de plongeur que apenas podía concebir nada diferente. Era una vida sin muchos cambios. A las seis menos cuarto despertabas de un salto, te embutías una ropa grasienta y salías de casa corriendo con la cara sucia y los músculos doloridos. El cielo era como una inmensa pared de cobalto con tejados y pináculos de papel negro. Hombres soñolientos barrían las aceras con escobas de diez pies de largo, y familias harapientas rebuscaban en los cubos de basura. Un tropel de obreros y chicas con un trozo de chocolate en una mano y un croissant en la otra descendían por las bocas de metro. Tristes tranvías, abarrotados de más obreros, pasaban con estrépito. Bajabas a toda prisa a la estación, te peleabas por subir al vagón —en el metro de París a las seis de la mañana hay que pelear literalmente por un hueco—, y viajabas de pie entre la masa de pasajeros, con algún desagradable rostro francés delante de las narices, oliendo a ajo y vino agrio. Y luego descendías al laberinto del sótano del hotel, y olvidabas la luz del día hasta las dos en punto, cuando el sol calentaba más y la ciudad se había ennegrecido de coches y personas.





👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker